Quien navega por las páginas de Islario encontrará ruinas y escombros; verá territorios arrasados y hallará a los que sostienen que las islas y sus isleños no valen ya nada. Pero los mapas del Islario también tienen otra cara: la que se rebela contra el despojo y muestra que las rutas pueden ser otras, la que enseña que la tierra está baldía sólo para quien tiene la mirada muerta. Quienes escriben en Islario, delinean las violencias del despojo e indican los itinerarios del caos, pero en ese camino también aparecen las formas opuestas a la alienación y se insinúan otras modalidades de la existencia. En los textos que conforman este Islario, emergen formas distintas de la propied...
Quien navega por las páginas de Islario encontrará ruinas y escombros; verá territorios arrasados y hallará a los que sostienen que las islas y sus isleños no valen ya nada. Pero los mapas del Islario también tienen otra cara: la que se rebela contra el despojo y muestra que las rutas pueden ser otras, la que enseña que la tierra está baldía sólo para quien tiene la mirada muerta. Quienes escriben en Islario, delinean las violencias del despojo e indican los itinerarios del caos, pero en ese camino también aparecen las formas opuestas a la alienación y se insinúan otras modalidades de la existencia. En los textos que conforman este Islario, emergen formas distintas de la propiedad y el valor: en los bosques de Xochicuautla, que para el capital no son más que un obstáculo en la construcción de una carretera, se avistan formas de la solidaridad y otras posibilidades de entender y construir los vínculos entre naturaleza y cultura. Pese a la asfixia impuesta por cercamientos estatales y privados, la foresta mapuche abriga formas (quizás más felices) de convivencia con la tierra y con la gente que se debe a ésta. Islario ha sido, y ésta vez no es la excepción, un catálogo de horrores evidentes e inescapables, pero también es una guía para mostrar las formas sutiles del despojo, es la voz de un Robinson Crusoe que se transforma en Viernes; es el pesimismo del ángel de la historia que cree que no puede volver atrás pero que, al mismo tiempo, intuye que los vientos son muchos y, por lo tanto, que el despojo no es el único horizonte